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viernes, 27 de noviembre de 2020

Archivo fotográfico de los barrios de San Pascual y la Alegría en Facebook

 

Corría el año 1980 y nuestros barrios, San Pascual y la Alegría, estaban a punto de enfrentarse a una transformación urbanística sin precedentes.

Tras la creación de la autopista de circunvalación M30 y la pista de Barajas nuestro barrio quedó muy próximo al núcleo urbano de la ciudad.

El manto de casas unifamiliares que cubrían la zona pronto pasaría a convertirse en edificios de altura con calles más amplias y dotación de mayor número de servicios.

Por aquel entonces, Miguel Ángel Marín, autor del archivo fotográfico, no quiso dejar pasar la oportunidad y decidió retratar las calles que por aquel entonces conformaban nuestro barrio.

Las fachadas de las casas, los patios interiores, los vecinos y así innumerables detalles que han hechos posible trasladar el barrio que fue a nuestros días.

Dicho archivo fotográfico quedo en el olvido durante casi 3 décadas hasta que la inquietud de los vecinos animara a Miguel Ángel a rescatarlo del cajón donde lo tenía guardado.

Así pues se puso en contacto con Antonio Ortiz, quien está difundiendo dicho archivo, para ponerlo en valor y darle visibilidad.

Es por tanto que en el día de hoy podemos anunciar que esta colección de fotos se ha puesto a disposición de todo el que quiera disfrutarla a través de la red social  facebook.



Bajo el usuario Ortiz Marin nuestro vecino Antonio Ortiz nos acerca este archivo fotográfico donde podemos encontrar imágenes de los desaparecidos barrios de San Pascual y La Alegría. Recomendamos mandarle una solicitud de amistad para acceder a todo el contenido.

Este archivo también se nutre de otras fuentes como el grupo en Facebook del barrio San Pascual de Madrid donde los vecinos han venido compartiendo sus fotos familiares.




 

Así pues animamos a todos los vecinos a que visiten dicho archivo para disfrutar del contenido y aportar, en la medida de lo posible, a través de sus cometarios.

Esperamos que sea de vuestro agrado y damos nuestro apoyo y enhorabuena a nuestros vecinos Antonio y Miguel Ángel.

 

Fuentes:

Archivo fotográficode los barrios San Pascual y La Alegría en Facebook

Grupo en Facebook del barrio San Pascual de Madrid

 

 


lunes, 6 de octubre de 2014

Yo viví la guerra civil española – Segunda parte




En la siguiente entrada del blog del barrio San Pascual, la segunda de tres, nuestra vecina Carmen Aritmendi nos sigue relatando su testimonio sobre la guerra Civil española, a pasar de ser una niña que acababa de cumplir los ocho años de edad muestra una madurez y una entereza digna de admiración.

 La guerra sigue su curso y es por ello que el país, cada vez más dividido, empieza a ser un sitio no demasiado seguro para mujeres, niños y mayores, es por ello que exiliarse a lugares donde el conflicto bélico tengas menos eco sea la mejor opción. 

El testimonio de Carmen nos traslada a aquellos años de terror y sufrimiento, muchas veces por dejar de tener noticias de los seres queridos. La escasez de alimentos cada vez se hace más presente con lo que ello conlleva, pero dejemos que sea la propia Carmen quien nos lo cuente: 


Capítulo II – Sufriendo por la guerra


Ya había pasado seis meses y Madrid estaba siendo castigado por los bombardeos diarios, los cuales daban muchos muertos y casas destruidas  y una de las más castigadas, según yo oía decir, era Tetuán de las Victorias y Cuatro Caminos.


Mis abuelos paternos vivían en el centro de Madrid junto a la calle Atocha.

A mí me gustaba mucho estar en su casa con ellos cuando no tenía colegio, pues todavía vivían con ellos tres tíos solteros y una tía que me llevaba diez años, y al ser yo la primera sobrina se volcaban en mí y me solían llevar al cine o la verbena junto con mi tía, cosa que no podían hacer mi padres por el trabajo que tenían, pero cuando empezó la guerra mis padres ya no me dejaban ir por miedo a los bombardeos y lo echaba mucho de menos.


Vivíamos en el barrio de San Pascual, un barrio donde mi padre, aun soltero, había comprado un terreno donde después construyó su casa. Cuando se casó puso una tienda de ultramarinos pues mi padre se vino del pueblo muy jovencito para trabajar en una tienda y al cabo de los años llegó a ser encargado.



Mi madre también vino a Madrid a trabajar como empleada del hogar, como se dice ahora, pero aunque trabajó en buenas casas tenían que trabajar muchas horas por muy poco dinero.

Después de casados mis padres trabajaron duro en la tienda, lo cual era muy esclavo por estar en un barrio obrero como era este, y así poco a poco, sin disfrutar de nada más que del trabajo fueron ahorrando y compraron varias casitas en el barrio que después alquilaron.


El inquilino de una de esas casas era murciano de un pueblo pequeño cerca de Alcantarilla. En vista de que la guerra continuaba y se pasaba tanto miedo convenció a mi madre para que nos fuéramos a su pueblo, pues según él, allí no se oía la guerra y en cambio aquí seguían los bombardeos. Tanto era así que muchos días teníamos que dejar la comida en la mesa y salir corriendo a meternos en el refugio que habían construidos los vecinos del barrio.

Ni mi madre ni yo queríamos irnos de Madrid pero ante tanta insistencia de nuestro inquilino, mi madre por fin decidió de marcharnos aunque con mucha pena por tener que dejar aquí a mi padre y demás familia.


Yo tenía dos hermanas más pequeñas y también teníamos a mi abuela materna de sesenta y seis años que también la llevamos con nosotros.





Capítulo III – El viaje




Era el día dieciséis de Enero de 1937 y amaneció muy frio y lluvioso.

El viaje, creo, lo teníamos que hacer por el ayuntamiento que nos llevaban gratuitamente como evacuados, después de haberlo solicitado unos días antes. El transporte para viajar eran unos camiones con toldo los cuales no tenían donde sentarnos y tuvimos que hacerlos sobre el equipaje y los bultos que llevábamos, lo cual era bastante incómodo.


Habíamos estado esperando varias horas hasta que fuimos recogidos en la Carretera de Aragón, junto al ayuntamiento. Hoy día se llama calle de Alcalá.


Serían las cinco de la tarde cuando iniciamos el viaje.

Con nosotros iban, aparte de nuestros inquilinos, un joven hijo de ambos y una joven que eran novia de otro de los hijos de estos señores.

Con esta muchacha iban también dos hermanas de ella, una de la edad del hijo de los señores y otra de mi misma edad, que luego fue mi compañera de juegos.

También iba otra vecina con un niño pequeño, pues su marido estaba en el frente y como era de aquel pueblo se iba a vivir con su suegra,

Bueno, se me olvidaba que también  viajaba con nosotros la nuera de nuestros inquilinos con otro niño, nieto de ellos y que también tenía a su madre en ese pueblo. Total que pienso que éramos una quince personas, todas conocidas, y nunca he podido recordar si con nosotros fue alguna persona más. Pero si recuerdo que nada más ponernos en marcha para salir de Madrid empecé a recordar a mi padre que se quedaba y me puse a llorar.


Mi madre me consoló diciendo que no íbamos para poco tiempo y que pronto volveríamos a vernos.

No puedo decir el tiempo que pasó pero ya hacía mucho que había anochecido cuando llegamos a Aranjuez donde paramos para darnos la merienda que consistía en un trozo de chorizo. Un chorizo que tuvimos que comer a bocados.

Viaje de exilio de Carmen y su familia



Después continuamos el viaje y ahora comprendo el porqué de haber tardado tantas horas en llegar a nuestro destino. Era porque España estaba dividida, por unas zonas estaban las tropas de Franco y en otras las tropas Republicanas o Rojas, como decían, y había que ir dando rodeos para no meternos en el terreno del enemigo. Aún así pasamos un buen susto, pues llegó un momento en que tuvimos que parar porque el conductor creía haberse equivocado y entonces estaríamos en peligro. Después comprobó que no fue así y continuamos el viaje pero fuimos un rato con los faros apagados.

Por fin llegamos a Alcázar de San Juan, donde ya terminábamos el viaje en aquel camión para hacer trasbordo al tren. Eran ya las doce de la noche cuando nos pasaron a un comedor en la misma estación para darnos la cena que fue un plato de judía blancas con chorizo que todos comimos con apetito y también una naranja de postre.


Ya sobre las doce de la noche subimos al tren que nos conducía al punto de destino.

Todavía no se habían acabado los sustos. Después de haber pasado toda la noche en el tren, aquellos trenes con los asientos de madera pero aún así era más confortable que el viaje que habíamos hecho en aquel camión.

Ya entrada la mañana, sobre las diez o las once, empezamos a oír el ruido de los aviones y el tren se paró, recuerdo que íbamos por un pueblo llamado Cieza y aún nos faltaba un tiempo para llegar a Alcantarilla.

El motivo de haberse para el tren fue porque no se sabía si aquellos aviones podían ser del enemigo pero al fin se vio que eran de nuestro bando y continuamos el viaje.


Por fin llegamos a Alcantarilla pues aunque el tren pasaba por el pueblo, allí no tenía parada y tuvimos de vuelta como un kilometro para llegar donde ya nos estaban esperando la hija del señor Joaquín, que así se llamaba nuestro inquilino, y su esposo, también tenían un niño pequeño.

Nos  recibieron muy amables y nos prepararon una paella para que comiéramos todos los que íbamos a la casa y recuerdo que a mi chocó mucho porque en vez de color amarillo era muy verde, debía de ser porque llevaba alcachofas.


Cuando nos pusieron la comida en vez de ponernos a comer casi todos nos pusimos a llorar recordando a quienes nos habíamos dejado en Madrid, pero al fin el viaje había terminado.


Capítulo IV – La estancia


Fueron pasando los días y los meses.

Nosotros llevábamos bastante comida para no pasar hambre, sobre todo legumbres. Lo que si echábamos de menos era el pan, que nos daban una pequeña ración diaria, pero había una vecina que tenía varios hijos, eran muy pobres y mi madre les daba legumbres y ella nos daba pan porque decía que teniendo un buen puchero de comida sus hijos se quedaban satisfechos y no echaban de menos el pan.


Yo aunque era pequeña ya solía ayudarlo que podía, como era barrer los patios, la puerta de la calle y también cuidaba de mis hermanas cuando tenía que salir a hacer recados.

También tenía ratos para jugar y lo hacía con aquel vecino que vivía con nosotros y era de mi misma edad.


Señora Juana con sus hijas, Carmen, Felipa y Juana la pequeña.


Teníamos otra amiga de juegos, una niña que llegó al pueblo con su familia huyendo de la guerra. Su padre había muerto en el frente y aún siendo tan niña iba toda vestida de luto.

El señor Joaquín no era mala persona pero tenía un carácter muy fuerte y no era muy tolerante con los niños. La señora Josefa, su esposa, era muy paciente y cariñosa y todos las queríamos mucho.

De mi padre hubo un tiempo en que no teníamos noticias y mi madre sufría porque las cartas no llegaban. 
 Después tuvimos la suerte de que en correos tenían mis padres un conocido y por medio de él empezaron a llegar las cartas regularmente.


Y ahora voy a contar lo peor de la estancia en aquel pueblo; y es que mi hermana, Feli, que tenía cuatro años, enfermó y lo pasamos muy mal porque fueron una calenturas tifoideas  que la tuvieron casi a las puertas de la muerte y tuvimos la gran suerte de no contagiarnos las demás porque dormíamos todas en la misma habitación.

A mi padre le comunicaron por carta la enfermedad de mi hermana pero en aquel tiempo estaban prohibidas las salidas de Madrid y no pudo ir a reunirse con nosotras y lo pasó muy mal, pues creo que pasó por lo menos mes y medio hasta que pudo ir y para entonces mi hermana ya estaba bien aunque la pobre lo pasó tan mal que tuvo que aprender a andar de nuevo.

También hubo situaciones en las que mi madre tuvo que sufrir, por ejemplo la que voy a contar ahora.

Como mi padre ya nos había comunicado que ya podía ir a vernos, aunque no nos decía la fecha, pues yo con el deseo de verle, un día provoqué algo por lo que todos nos disgustamos.

Como todos los días, me acercaba al paso del guardabarreras para ver pasar al tren pero aquel día, no sé porque, me pareció ver a mi padre asomado a una ventanilla y creo que dije que el señor Joaquín también iba con él, así que cuando pasó cierto tiempo y no llegaron, el señor Joaquín se enfadó mucho y yo me llevé una buena regañina de mi madre.


Al fin llegó mi padre para pasar unos días con nosotros pero no recuerdo cuantos pues llevaba fecha de vuelta.


Durante todos los días que estuvo allí disfrutó mucho, pues era el mes de Junio y estaban recogiendo los albaricoques y a él le gustaban mucho. No queríamos que mi padre se volviera sin nosotros así que lo arreglamos para volvernos con él pero el viaje de vuelta se merece otro capítulo que ahora contaré.


Continuará en la tercera y última parte.

martes, 18 de marzo de 2014

Emma, la Gata de Ventas





Hace unos meses publicamos en este, nuestro blog, un artículo sobre la polémica demolición del edificio Simago. Gracias a la colaboración de Vicente Llópiz, el cual nos cedió gran cantidad de material para el blog y para nuestro grupo en facebook, pudimos rescatar una serie de imágenes que de no haber sido de esta manera seguramente habrían acabado en el fondo de un cajón como se suele decir.
Momento de la demolición de edificio Simago

 Entre todo ese material encontramos información referente a la demolición del edificio Simago, situado en la antigua Carretera de Aragón, hoy calle de Alcalá, con una serie de datos e imágenes de este emblemático edificio lo cual nos animó a redactar el artículo anteriormente referido.
El artículo en si tuvo muy buena aceptación, y creó un poco de polémica si cabe ya que no todo el mundo tiene la misma visión de tiempos pasados. Pero entre todas las opiniones al respecto hubo una que tras de sí guarda una gran historia.
La historia de una familia que nos cuenta de primera mano sus vivencias en el barrio de Ventas. Cuando la Carretera de Aragón hacía de Frontera entre Vicálvaro y Canillas dejando tras de sí la Villa de Madrid. Una historia contada por su protagonista, Emma. Como sus abuelos llegaron a Madrid a labrarse un porvenir y se desenvolvieron aquellos años en el barrio de Ventas.
Así nos lo cuenta ella:



SÍNTESIS  DE LA  ÉPOCA VIVIDA POR EMMA, LA GATA DE LAS VENTAS 


 Soy Emma; nací el año 1936 en Madrid, criándome en Las Ventas. 

Emma, la Gata de Ventas



Comencé a escribir mi propia historia a partir de los 9 años, un diario que me servía de  evasión por haber nacido en una época poco corriente para una niña; la guerra civil.
Fuimos cuatro hermanos: tres chicas y un chico. La hermana mayor murió con cuatro años en  un incendio provocado en el domicilio jugando con un brasero eléctrico.
Desde ese momento, yo sería la mayor de los hermanos. El único chico nació cuando nosotras  teníamos ocho y siete años. Las dos hermanas siempre hemos sido inseparables. Fuimos a la  misma escuela, juntas en los juegos y de mayores las mismas amigas, también en el trabajo  y responsabilidad. Nos gustó el mismo oficio. 
Siempre he sentido en mi interior que alguien me protegía. En ningún momento de mi vida  me he sentido sola.  ¿Sería mi Ángel de la guarda la hermana que murió en el incendio?  ¿Ese  Ángel que casi todo el mundo creemos tener? La familia decía que Emma tenía en el brazo la  señal de la quemadura de aquel fatídico día.  Yo solo tenía siete meses cuando mi hermana se  refugió en la cama donde decían yo dormía.
Recuerdo que de pequeña hablaba muy poco, solamente contestaba a lo que se me  preguntaba y me gustaba mucho observar a la gente mayor, quería hacerme mayor como ellos. 
A mi padre, aunque no era alto, yo le veía alto y grande.  Cuando fui mayor le fui viendo de estatura normal pero muy grande en su valía como persona.
No pude estudiar. Al ser la mayor me vi obligada a echar una mano a mí madre en la casa,  ¡Fue mi madre muy trabajadora y ayudé en lo que pude!
Cuando aprendí a leer, la lectura fue lo que más me evadía de la realidad de aquellos  episodios, porque la gente se quejaba y lo pasaban mal. La lectura me transportaba a otro  mundo, un mundo que lo encontraba en los libros. Yo abría el baúl que mi padre tenía cerrado para que no lo tocásemos, eran de su época de estudiante, libros para mayores y él  pensaba que no lo podíamos entender por ser tan pequeñas.
Me atraía mucho la Edad Antigua, la Historia de España.  Leía sobre los celtas y los iberos, fenicios que fundaron factorías, adelantos como la escritura, la moneda, las artes etc. Todo eso para mí era demasiado y como pensaba mi padre, la poca preparación y sin una buena base cultural, me costaba entenderlo.  Me refugié en lo único que entendía: mi barrio y la gente de mi alrededor, que era lo más pequeño y también maravilloso.

Familia Aguilar Galiano en Las Ventas




He visto a lo largo de mi vida cambios increíbles, como escribir con la pluma mojándola en el tintero con el cuidado de no derramarla y poco después salieron los bolígrafos.
Ver los tranvías y el cambio por los autobuses, el carbón por la vitrocerámica, los cables de la luz por todo Madrid, los tendidos eléctricos ya cubiertos con las regletas que estéticamente  agrada, los que vendían con sus carretas cacharros por trapos, cómo se expresaban. Los cambios en las peluquerías, que teníamos cantidades de aparatos para hacer permanentes, con aquel carburo, que teníamos mucho cuidado para evitar las quemaduras al cuero cabelludo: cuando salió la permanente en frio, fue un descubrimiento importante.
El adelanto en la medicina  con los trasplantes de órganos, esas operaciones de corazón. En la mujer y también en el hombre trasplante de pelo, la estética, los “botox” en la cara, que ya no  se sabe si es la hija o la madre, los pechos, que no se sabe si son naturales o postizos,  las prótesis que asombran al mundo tan necesaria.
Manos asombrosas de cirujanos y especialistas en nuestra España. El avance en la tecnología se ha superado en muy poco tiempo. Los móviles, que te puedes comunicar en momentos de peligro, por excursiones,  donde estés, tan útiles dónde estás viendo a tú interlocutor. Simplemente un portátil donde escribo y me corrige mis faltas de ortografía.  ¡Maravilloso!     
La mujer en mi época no era nadie. Yo tuve suerte y mi padre respetó mis ideas, pero en general  la mujer dependía mucho del machismo del hombre:
¡No hace mucho cambiaron tantas cosas!  Hace tiempo la mujer no conducía camiones, hoy día, ambulancias y también son bomberas y conduce tanto el hombre como la mujer. Los hombres rara vez se les veían con los niños en los brazos, ahora los cuidan como nosotras y se ocupan con toda naturalidad, es muy bonito verlo. Ahora voy viendo como hay mujeres que acceden a puestos antes prohibidos para nosotras. 
Aunque sé que también teníamos mujeres en puestos de mucha importancia como Marie Curie,  mujeres  independientes como mi tía comadrona desde el año 1930. Pero eso es otra cosa: me refiero en lo general.
A pesar de tantos adelantos como los que he enumerado y  otros que no conozco pienso que  el mayor adelanto que ha recibido el hombre ha sido el fuego; sin él no hubiera habido nada.
Trabajé de mayor de peluquera hasta los 26 años. Y mi vida ha sido muy interesante. He  conocido muchas personas de gran valía. Mi trabajo me ha proporcionado conocer a esas personas  que no he olvidado.

Interior de la peluquería de la familia de Emma

La ilusión de mi vida era ver prosperar y avanzar en los trabajos y negocios de mi familia… ¡Me tomé ese deseo durante mi juventud!...  Hacer lo posible por mejorar y ayudar en esa época  tan dura como la posguerra.
Me ha gustado siempre la casa en la que me he criado y mi barrio de Ventas, donde desde mi ventana veía las  puestas de sol y cuando se escondía, quedaba un cielo rojizo. Al anochecer me  gustaba el azul del cielo con tantas  estrellas.

La ilusión de mi vida es como siempre, volver a mis Ventas. Cosa difícil pero vivo con ese pensamiento.  

EMMA AGUILAR


Emma Aguilar plasma la historia de su vida en su propio blog La gata de Ventas. Emma manda  cartas a su hijo Miguel Aguilar y este a su vez trascribe todo el contenido al blog de Emma que hasta ahora cuenta con un total de 23 entradas.

Así pues comparto el Blog de Emma la Gata de Ventas con todos mis amigos y vecinos del barrio de San Pascual y espero que disfrutéis con el tanto como yo. 

Por último agradecer a Emma, a Sebastián Aguilar, su marido, y por supuesto a Miguel, su hijo, la colaboración con nuestro blog y les deseo de todo corazón que algún día puedan ver cumplido su sueño de volver a sus Ventas

¡Muchas Gracias Emma.!


Enlaces de interés: